Un proyecto común de renovación para la Iglesia Local, fruto del diálogo entre obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.
Promover la renovación de la Iglesia Local para que, mediante la vivencia de la comunión y la participación, se convirtiera en un signo e instrumento visible de salvación en medio de su realidad histórica.
El lema "Comunión y Participación" articuló cada dimensión del plan, orientando a todos los agentes pastorales hacia un mismo horizonte eclesial.

Que la fe de los fieles sea una respuesta consciente, comprometida y constante mediante la evangelización y la catequesis.
Que las celebraciones sean una expresión viva de la fe y la caridad, fuente y culmen de la vida cristiana.
Fomentar el compromiso de caridad y justicia para que la Iglesia actúe como levadura de transformación social.
Fortalecer consejos parroquiales y decanatos para que la Iglesia sea una comunidad de fe, amor y servicio.
Junto a los objetivos por funciones, el Plan identificó tres sectores vitales para la renovación diocesana:
Fortalecerla como "Iglesia doméstica" y base fundamental de la sociedad.
Crear espacios para su formación y protagonismo dentro de la comunidad eclesial.
Promover su participación activa y corresponsable en la misión de la Iglesia y la transformación del mundo.
Impulsar Consejos de Pastoral, Decanatos, movimientos y equipos para fortalecer la comunión orgánica.
Establecer procesos formativos para todos los Agentes de Pastoral: sacerdotes, religiosos y laicos.
Priorizar el anuncio del Evangelio en todos los niveles de la vida diocesana.

Acompañamiento a matrimonios y promoción de la familia como "Iglesia doméstica", base de la sociedad.
Espacios de participación real con formación integral y liderazgo para la juventud diocesana.
Concienciar al laico sobre su vocación de ser levadura en el trabajo, la política y la familia.
El Plan implementó una metodología de planeación orgánica estructurada en tres momentos fundamentales para promover la renovación bajo el lema de "Comunión y Participación".
Esta metodología permitió a la diócesis pasar de acciones aisladas a una pastoral orgánica, donde cada paso estaba fundamentado en la realidad y en la doctrina eclesial.

El primer paso consistió en un análisis integral de la realidad socioeconómica, política, cultural y religiosa de la región.
El objetivo fue detectar las "luces y sombras" de la comunidad, reconociendo los retos que el entorno planteaba a la fe y a la labor de la Iglesia.
La reflexión se basó en la identidad de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, el Concilio Vaticano II y las conferencias de Medellín y Puebla.
Se definió qué tipo de Iglesia construir —una Iglesia de comunión— para responder adecuadamente a los problemas detectados en el "Ver".
Se impulsaron Consejos Parroquiales, decanatos y comisiones para ejecutar el plan de forma organizada y corresponsable.
El Plan es resultado de un proceso participativo de oración, reflexión y diálogo: no una imposición, sino un compromiso compartido.
El éxito reside en una conversión profunda de actitudes, superando el individualismo para adoptar una mentalidad de comunión.
La corresponsabilidad de los laicos es fundamental; sin su participación activa el Plan no puede cumplir su objetivo.
El Plan no es un producto terminado, sino una guía abierta que requiere evaluación constante y docilidad a los signos de los tiempos.
El Plan es, ante todo, obra del Espíritu Santo. Su implementación depende de la vida de oración de la comunidad y de la fidelidad a la gracia de Dios para transformar la sociedad.
De acciones aisladas a un proyecto articulado de evangelización diocesana.
Lema y método: toda la Iglesia Local trabajando hacia un mismo fin.
La Diócesis, renovada, visible como instrumento de salvación en la historia.

Comunión y Participación · 1989–1994